Motorizado: mi respuesta ante un asalto

El día de hoy me intentaron asaltar mientras estaba yo en el carro regresando a la casa de una reunión de trabajo.

Estaba yo dando la vuelta en la redoma de Caurimare que lleva hacia el cruce a Los Ruices Sur, cuando una moto pasa al lado mío y no muy sutilmente voltea hacia mi ventana para ver qué hay. Debí hacer algún movimiento raro que hizo que el tipo se volviera nuevamente y me dijera algo, al tiempo que metía su mano en un bolso que tenía en su regazo.

Mis alarmas sonaron inmediatamente, volteé a la derecha comprobando que no había carros que venían, y como en ese momento tenía el pie puesto sobre el clutch arranqué de golpe. La luz del cruce estaba en verde y no había cola, por lo que aceleré todo lo que pude, con el motorizado detrás dándome persecución, por lo menos hasta casi finalizar la Río de Janeiro.

En ese momento se debió cansar, le indicó algo a otro motorizado que iba detrás de él, y yo crucé por otro lado para llegar a la estación de servicio de Chuao, donde descansé y di la advertencia. Como era de esperarse, la adrenalina que había generado hacía que me temblara el cuerpo, a pesar de que traté de mantener la calma.

Así como yo, muchas personas son asaltadas día a día en Caracas. A un programador que trabaja para mí lo asaltaron dos veces en menos de una semana hace poco más de un mes, y a un amigo lo intentaron asaltar la semana pasada.

El tema de estas semanas en los medios gira alrededor del conflicto que ocurre en la Franja de Gaza. Reclamos por la seguridad de los Palestinos, es la consigna de los opinólogos de oficio. Estas mismas personas no ejercen ese nivel de reclamo con la inseguridad de Venezuela, “cónchale, qué vaina, estás salado, chamo”, es la respuesta con la que se minimiza el problema tan grave de inseguridad que existe en el país, que en una década ha acumulado más muertos que 2 conflictos en la Franja de Gaza en el mismo período.

Como no parece que haya a quién reclamarle este problema, porque todos se pasan la papa, uno está condenado a la resignación. Mi contribución a que este episodio no sea “uno más” de todos los que han ocurrido es hacer lo que hago desde hace tiempo: hacer videojuegos.

Hace algún tiempo había hecho un prototipo, el cual había dejado olvidado por las ocupaciones del día a día, pero hoy al llegar a casa no podía dejar de pensar ni dejar de lado en él. Así que lo desenterré, lo pulí y lo publiqué en mi página.

Mi venganza contra el motorizado que me intentó asaltar es ésta -> http://www.ciroduran.com/juegos/motorizado

Juéguenlo, y difúndanlo si les gusta.

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